jueves, 14 de noviembre de 2013

LA SECTA QUE ME DESPERTÓ

A través de un hermano de la iglesia evangélica me puso de algún modo en contacto con otros hermanos los cuales no son evangélicos. Ellos no se consideran ninguna denominación protestante, de hecho están en contra de las denominaciones a las cuales les atribuyen el poder del demonio. Ellos predican que hay que salir de ahí para entrar en lo que ellos denominan como el verdadero cuerpo de Cristo, la Iglesia, es decir, su grupo. Esta nueva secta se inicia a partir de Witness Lee en el siglo XX, predicador chino. No fui yo quién contactó con ellos, sino ellos conmigo a través de un amigo de un hermano evangélico. El encuentro inicial fue extraño para mi, siempre alerta y en guardia, no queriendo intimar demasiado, pero en cierto modo en la primera reunión comprobé que verdaderamente tenían celo por Dios, amaban la Biblia, aunque como les pasa a los testigos de Jehová por ejemplo, tienen una traducción particular, llamada versión del “recobro” con notas explicatorias, y parecían tener bastante conocimiento de ella.
    La historia demuestra que grandes engañadores han salido por el mundo y que el celo de Dios no es una característica sólo del cristiano verdadero.
    Ellos no te dicen deja aquello y vente con nosotros, sino que su método es el de conquistarte, enamorarte con el “disfrute” del Cristo que predican. Como estos hermanos dicen, “ese cristo maravilloso”. Realmente dan la sensación de que predican a Cristo como si fuera algo exclusivo “este Cristo”, “¿su Cristo?”
    También te hablan de que la Iglesia se ha degradado y que Dios está recobrando a su iglesia para la 2ª venida de Cristo y “ellos son esa iglesia purificada”.
    La primera reunión no me dejó indiferente, y tras un mes, pasada la semana santa, volví a reunirme con ellos. El hablar de Cristo solo, de la riqueza de su Palabra, de la necesidad de alimentarnos de ella, etc., me daba una sensación diferente a la que había experimentado en la iglesia evangélica, que a menudo era frustrante para mí. Tenía paz, y sentía el compañerismo, la amistad y la hermandad entre nosotros, y al llegar a casa estaba extrañamente feliz y optimista. De modo que decidí sintonizar el programa de radio que tienen en una emisora evangélica, los cuales están al 100% basados en los estudios realizados de la biblia por Witness Lee, es decir que ellos, lo quieran o no reconocer, basan sus estudios desde la óptica privada de una sola persona, un “maestro”. Al principio el programa de radio también me resultó impactante en el sentido de que parecía todo nuevo y que había una especie de sabiduría oculta que al fin me era revelada. Dado que mi relación con la iglesia evangélica no terminaba de hacerme feliz, fue que quise explorar esta nueva opción. Comencé a grabar los programas para poderlos oír mas tranquilo. En nuestras reuniones surge pronto el tema de la “unidad”, tema que para mí, siempre ha sido capital. Los cristianos no pueden estar divididos en denominaciones con enseñanzas diferentes de las cosas de la fe.
   Aunque al principio nunca salió el tema, me imaginé que la Iglesia católica sería considerada por ellos como un grupo apóstata más, ya que ellos meten a todas las iglesias y denominaciones en la gran ramera de Apocalipsis y la Babilonia espiritual, según la errónea interpretación de la Biblia inventada por Elena White (fundadora de los Adventistas del 7º día). Posiblemente mi contacto con ellos hace que cada vez me parezca peor lo que observo en la iglesia evangélica, y poco a poco voy dejando de asistir, y reduzco mi participación a los domingos en la mañana, en un rato de oración y compartir la palabra de Dios con varios hermanos. El resto me sobra.
   Tampoco el grupo que sigue las enseñanzas de W.Lee me atrae lo suficiente como para decidir ir a ver como son sus reuniones. No suelo lanzarme demasiado pronto sin conocer bien, y mis experiencias pasadas ya me aconsejaban prudencia. De ese tema nunca hablamos. Es decir, al contrario de lo que me ocurrió en la iglesia evangélica, estos no me presionaban para que fuera con ellos a ningún sitio. Es un misterio y lo seguirá siendo, lo único que conseguí saber es que sus reuniones son distintas a las evangélicas y por supuesto a las católicas. Y era todo un poco extraño. Según me cuentan o supe por otras fuentes: No tienen púlpito, se sientan en circulo y todo el mundo habla, ora y participa y hasta “profetizan”.
    Mi alejamiento de las reuniones de La iglesia evangélica se hace notorio para algunos hermanos, especialmente para un matrimonio muy simpático y agradable que conocí al principio de entrar allí. Este alejamiento no les parece bien a algunos. Esta hermana me llega a insinuar que no es correcta mi actitud, que tengo que asistir, que mi actitud es egoísta al no estar allí con ellos, que me necesitan y me hizo saber que había algunos hermanos que estaban hablando negativamente de mi por esta actitud, no fue una acusación directa, pero si una insinuación sutil de posibles habladurías a las que yo podría estar dando lugar. Esto me molestó mucho, aunque ella enseguida se disculpa diciendo que no era su intención molestarme, sino que me quería y que por eso me lo decía. Este episodio me causó malestar y debía haber un antes y un después de eso. Esa semana estuve meditando si debía volver o no a aquella iglesia después de lo sucedido. Tras una semana muy dura, decidí volver a orar al domingo siguiente, ya que no me parecía bien que la cosa terminara de manera brusca y traumática. Pensaba que si alguna vez tenía que marcharme, fuera de forma pacífica y cristiana. Esta situación negativa y frustrante me hizo aceptar con una cierta necesidad la compañía de estos otros “hermanos” que siguen las enseñanzas de W.Lee. Así funciona este mundo de iglesias diferentes. “Si te cansas de una busca otra”. Sin embargo, para mí era muy importante seguir la verdadera doctrina y estar en el sitio correcto, por lo que seguía observando. Ese día de Mayo, sucedió algo diferente. En nuestro encuentro uno de ellos mencionaba títulos de libros “muy interesantes” (según ellos), estudios sobre cosas de la Biblia. Por su forma de hablar de ellos, parecía como si fueran los mejores libros del mundo, y como si los evangelios hubieran sido escritos ayer y los hubieran descubierto hoy, y el resto del mundo se los estuviera perdiendo. En seguida surgió la pregunta entre ellos: ¿Cuál le dejamos?, y finalmente uno de ellos eligió para mi: “El cristo todo inclusivo”, un libro que según ellos me iba a maravillar, “muy rico” y lleno de conocimientos. También me dieron un CD-R de canciones con letras acerca de Jesús, todas ellas. Lo acepté todo con media sonrisa en mi cara, y no muy convencido. Pensé en aceptarlo para no ofenderlos, y luego no tenía intención de leerlo, o a lo sumo unas páginas para ver de que iba, pero verdaderamente no entraba en mis planes el leer ningún libro que no fuera la biblia en esos momentos, ya que se suponía que se criticaba a los católicos entre otras cosas, por dejarse “enseñar” por lo que otros autores fuera de la Biblia enseñaban, por ejemplo: los santos. Y ellos resultaban que también tenían libros de otros. Algo que me hizo meditar mis conceptos. En cierto modo me estaba sintiendo mas cerca de ellos que de los hermanos de la iglesia evangélica, de los que sólo uno parecía mantenerse en contacto conmigo. Los que antes me escribían por e-mail, ahora cada vez lo hacen menos. Este “hermano” de la iglesia evangélica está siendo sacudido, posiblemente influenciado por nuestras conversaciones, y sus propias experiencias durante años. La situación se va a tensar más. Decidimos reunirnos en su casa con este matrimonio de allí. Tenemos la idea de hacer algo más para evangelizar. Hacer folletos para repartir en la calle, etc. Un día, sucede un malentendido entre nosotros, y la reunión no se lleva a cabo. Esto me decepcionó bastante. Pero sólo dos días después, cuando todavía no había digerido el incidente anterior, este “hermano” me volvió a decepcionar profundamente, cuando acudí para buscar un poco de ayuda y consuelo, y me tuve que marchar nuevamente vacío y decepcionado y con la dolorosa sensación de haber llegado al final con la iglesia evangélica y cualquiera de sus miembros. Sin embargo a la mañana siguiente siento en mi interior lo mismo que con el incidente anterior, que no debo abandonar así, como si yo hubiera actuado mal y ellos bien, de modo que regresé ese domingo a orar en la mañana temprano. La sensación fue amarga. El ambiente estaba crispado y lleno de críticas hacia muchas cosas. Aquel domingo lloré realmente mientras oraba, no pude contener las lágrimas al hablar con Dios acerca de mis sentimientos delante de ellos. La hermana P****** se acercó a mi, y me puso su brazo en el hombro y me dio un abrazo. Ya nada volvería a ser como antes, pero había disimulo en el ambiente. La decisión fue de darme un tiempo de respiro y reflexión, aunque eso lo confirmaría después en una reunión en casa de el hermano J*****. Mientras tanto, al inicio de una semana del mes de Junio, tuve un nuevo encuentro con los miembros del grupo que se autodenomina “El cuerpo de Cristo o la Iglesia local”. Ese día sentí también mucha paz y bendición. Después de tanta tensión y amargura con las experiencias en la iglesia evangélica realmente estaba necesitado de un cambio, de algo que me animara. Ellos mismos, sabiendo de antemano porque tal vez ellos lo han vivido también, que mi estado es de decepción y poco ánimo,  se encargaron de decirme que la “comunión” [1]nos limpia. Realmente el hablar con ellos me benefició aquel día, sin embargo ocurrió algo diferente. Me llevaron a un sitio natural muy bonito desde el que se podía divisar buena parte de Málaga, y allí hablamos y oramos a viva voz, y noté que cada vez me hablaban mas del “recobro” de la iglesia, de cómo Dios está “recobrando su iglesia”, y también hablaron un poco del “hermano” (Witness Lee), aunque no le mencionaron por el nombre. Me dio la sensación de que consciente o inconscientemente me estaban comenzando un acercamiento progresivo a las ideas del grupo. Es la estrategia cuando llega alguien nuevo. Eso me puso un poco la mosca detrás de la oreja, pero era tal la sensación de tranquilidad que obtuve en aquel lugar que la sospecha no llegó de forma inmediata, sino en los días siguientes. En mi agenda escribí lo siguiente: «Empiezo a sospechar que lo de estos hermanos no sea lo que aparenta. Doctrinas extrañas para mi».
    Esa misma noche estuve leyendo un librito que hablaba sobre las sectas y en el que se analizan sus características, y comencé a leerlo como si algo me impulsara a ello desde mi interior. Al leer las características de las sectas y grupos me iba encontrando que las características coincidían con este grupo. El punto que mas me llamó la atención fue cuando hablaba que los Grupos religiosos muchas veces los fundan idealistas decepcionados que se han quemado en las iglesias tradicionales, y creen que Dios los ha llamado a lograr lo que otros no han podido lograr. Su ideal es recobrar el propósito perdido de la iglesia. ¿eh? Un momento, me fijé de nuevo en la palabra recobrar, y entonces comencé a recordar, y se me vinieron a la memoria grupos como los testigos de Jehová, los cuales se caracterizan por eso mismo, o los mormones, o los adventistas, y no pude evitar relacionar al grupo del “recobro” como otro grupo mas, que cree que ha recibido una revelación especial en su tiempo para recobrar lo que se ha perdido y volver a lo puro. ¿Cuántas herejías no han pasado por el mundo desde la fundación de la Iglesia, que han seguido este mismo patrón? Mientras iba descubriendo esto, una lucha interior se apoderaba de mi, y yo mismo me ponía en duda. Recordaba mi pasado, y como empecé toda mi historia religiosa, y comencé a pensar que yo mismo podría haber caído ya en el error, no de fundar otro grupo religioso, pero si de con mi actitud separatista, buscando siempre la verdad siguiendo prácticamente sólo mi lógica y mi razón, y podría estar llevando a otros a dividirse más y separarse más, pero... ¿de que nos estamos separando? ¿De mi concepto de Iglesia, o de la Iglesia verdadera?
   Todo este caudal de situaciones no fue antes de una reunión caótica en casa de un “hermano” evangélico, a la que yo acudí invitado, y con la intención de compartir a Cristo y su Palabra, y medio influenciado por las ideas fundamentalistas de los hermanos del “recobro”, ya estaba a medio camino entre unos y otros. La situación era muy tensa. Esa tarde llegué a increpar a una hermana: “¡Deja de ser evangélica y conviértete en cristiana!”. La tarde transcurrió en un desencuentro absoluto, había división en el ambiente, debido a que unos queríamos evangelizar sin tener en cuenta a los líderes de la congregación, otros que creían que debíamos someternos a la autoridad de los responsables de la iglesia evangélica, y al mismo tiempo ellos mismos los desautorizaban criticándolos y reconociendo la necesidad de que Dios enviara a esa iglesia un pastor, porque la sensación era que eran como ovejas sin pastor. Por otro lado, otro “hermano” creía que tal cosa no era necesaria, y por otro lado yo atónito trataba de convencerles de que Cristo es nuestro pastor.
De nuevo las discrepancias, como en la escuela dominical, de nuevo la culpa: que cada cual interpretaba la Biblia de forma personal y no siguiendo el mismo patrón que la Iglesia de Jesucristo debe tener. Todo esto surgió por el tema de unos folletos que habíamos realizado con la intención de evangelizar por la calle. Pero no se ponían de acuerdo, ya que no sabían a donde llevar a las personas cuando nos contactaran. ¿A dónde les llevamos? Ellos mismos reconocían que aquella iglesia evangélica no era un buen lugar en esos momentos, y por otro lado no conseguían ver nada fuera de aquel lugar. Que pena que su sensación de fidelidad a la iglesia se limitara a una congregación separada de la verdadera iglesia universal. La tarde fue una pura discusión, y yo acabé crispado y con malestar. El domingo siguiente aproveché el día de elecciones europeas para no asistir a la iglesia, y comencé a reflexionar. Mientras tanto nació mi primer sobrino curiosamente llamado Jesús. Pasé a continuación el periodo mas largo sin comunicarme ni ver a nadie de la iglesia, 11 días. Escribí en mi diario el 7 de Junio de 2004: “¡Oh Señor!. Hay personas que nada mas que le dan importancia a esa congregación. Pero que poco hablan de ti. Es como un desierto seco y árido. ¿Te buscan a ti Señor? Tú lo sabes, no me permitas caer en juicio a mí. Yo te necesito a ti Señor, y que aquellos que dicen que te conocen que yo pueda ver en ellos tu vida, porque tú eres vida. Animarse los unos a los otros, edificarse, exhortarse, que el que tenga salmo diga un salmo, que el que alabanza, cante alabanza, pero que crezcamos según tu imagen y según tu ejemplo, Señor JESUS. No puedo soportar mas a los que nada mas hablan del mundo cuando deberían ser tus palabras. No quiero ser contaminado ni debilitado con esto Señor, quiero estar contigo, quiero tenerte a ti, quiero disfrutar de tu vida en mi, no permitas que el desierto se apodere de mi, quiero disfrutar de toda la riqueza de tu creación, quiero tu vida Señor corriendo por todo mi ser. Si algo tengo de ti Señor, ¿acaso no me lo diste tú? Y yo he querido compartir lo que de ti tengo con otros. Pero los otros me han reconocido no tener nada que compartir conmigo, ¿no tienen nada de ti que poder darme?  Oh Señor, ten misericordia de todos nosotros. Guárdanos del enemigo, y manifiesta tus intenciones y revélate para que seas glorificado aún más. En el nombre de CRISTO, AMÉN.”
Prosigue mi búsqueda y mi lucha interior. Escribo el 12 de Junio de 2004: “Leyendo un libro de enseñanza religiosa que tuve cuando estaba en el colegio, soy incapaz de encontrar de momento que la fe de la Iglesia católica en ese libro sea diferente de la cristiana que yo trato de llevar. Ellos creen en la muerte de Jesús por los pecados, creen que es el Hijo de Dios, creen en la resurrección de los muertos, creen en el amor de Dios, creen en el perdón de Dios, etc. Sin embargo todavía veo muchas cosas en la Iglesia católica que me parecen erróneas, como las he visto en la iglesia evangélica, lo cual me lleva a la conclusión que en todo lugar hay pecado, lo cual está de acuerdo con la Biblia.”
    Comienzo a tener serias dudas, después de mandarle por internet a un sacerdote un escrito personal, el mismo escrito que traté de compartir en casa de aquellos hermanos y no tuvo eficacia. En el escrito hablo de que debemos tratar de vivir a Cristo como el TODO en nuestra vida. El sacerdote se muestra de acuerdo con mi escrito, pero me previene de tener cuidado con los fundamentalismos y los fanatismos y radicalismos. Y es ahí donde creo que comienzo a pensar si verdaderamente todo esto no me está llevando a eso, a un cristianismo fundamentalista que se aleja de la realidad de Dios. Me hizo meditar esta respuesta del sacerdote.[2]
    Estoy leyendo en estos días las respuestas que da este sacerdote a otras personas que escriben haciendo preguntas sobre la fe, y me sorprende el talante amoroso y comprensivo y además, además hay bastantes cosas de las que dice que me parecen coherentes con mi fe cristiana. El 3 de Julio de 2004, escribí en mi diario: “Estoy empezando a ver y comprender cosas sobre la Iglesia católica que antes atacaba”. El día siguiente escribo esto: “Deseo ver la celebración de la misa en la televisión. La experiencia resultó positiva para mi y mi mujer. No observé nada extraño o incorrecto en ella, y si un montón de cosas buenas y positivas.”
    Al domingo siguiente vuelvo a la iglesia evangélica para orar con los “hermanos” a primera hora de la mañana. Esto es lo que estoy haciendo desde que dejé de asistir a los cultos. No he querido perder el contacto con ellos, y compartir con ellos. El 11 de Julio escribo lo siguiente en mi diario: “Hoy me he sentido mal en la iglesia evangélica. Un “hermano” (responsable de allí) ha justificado la existencia de múltiples denominaciones cristianas, mientras yo hablo de la necesidad de “unidad” de la Iglesia. Este “hermano” ha llegado a decir que muchos católicos hacen buenas obras por ellos mismos, mientras que yo le digo que las hacen por amor a Dios.”[3]
    Esa tarde, después de pensarlo, dudarlo y luego decidirme, se me ocurrió, pensando en mi vecino “Miguel” de 82 años, que tal vez le haría bien llevarlo a la Iglesia a oír la misa de la tarde. Fue un intento de darle consuelo de Dios en un momento en que el lo estaba pasando mal. Yo estaba pendiente de el, que estaba sólo y le visitaba a menudo. Indirectamente estaba también pensando en mi, ya que llegado a este punto, y después de haber visto la semana anterior la misa por la televisión y haber tenido buenas sensaciones, era el momento de probar la experiencia en directo y contrastarla con mis experiencias protestantes. Así lo hice. Fui a su casa y no estaba, pero bajé a la calle y lo vi en el quiosco de enfrente, como tantas veces sentado sobre su andador y charlando con el hombre del quiosco. Así que me acerqué para saludarlo, empezamos a hablar, pero no le dije lo de ir a misa. Me invitó a tomar un refresco, y le acompañé al bar de al lado, y nos tomamos algo, y al salir me preguntó lo que iba a hacer, y yo le contesté que había pensado ir a misa, y que si me quería acompañar, y el accedió, así que le dije que un rato antes le recogería e iríamos. Tuve que hacer esfuerzos por el camino con el, ya que se le iba un poco la lengua hablando mal y yo le decía, “¡Pero Miguel, tranquilo, que vamos a la Iglesia!”, y el se tranquilizó. Entré en la Iglesia con el, y que sensación tan extraña; Estaba pisando la Iglesia católica, y no era por algún compromiso familiar, sino que estaba buscando sinceramente el oír la Palabra de Dios y a Cristo. Aquel día tocaba el evangelio acerca de la historia del buen samaritano.(¿no estaba yo sin darme cuenta actuando como el buen samaritano al llevar a Misa a mi vecino?).

Sentí paz todo el tiempo. Era como si volviera a algo que ya conocía, como si volviera uno a su casa después de mucho tiempo ausente. Sentí deseos de tomar la comunión pero me abstuve al no estar seguro. En el camino de vuelta hablaba con el vecino acerca de la homilía del buen samaritano y el me decía que “ya nadie era así”, y reíamos después juntos cuando le dije que me tenía que marchar a casa rápido porque tenía “necesidades”, y el me decía que cuando le pasaba eso, no podía aguantarse y donde le pillara...
    Aquel día fue el primer día que asistí a la Iglesia después de mucho tiempo. A la semana siguiente tuve lo que considero una prueba mas de que mi decisión estaba siendo la correcta, la de regresar a la Iglesia aunque no entendía muchas de las doctrinas que tanto tiempo había estado poniendo en duda o negando. Es una semana de grandes y fuertes tentaciones de todo tipo, muchas de las cuales me hacen caer en pecados. Me sentía extraño en medio de todo esto. Escribo en mi diario: 17 de Julio (sábado): “En las dos últimas semanas, ha caído sobre mi un nuevo deseo de buscar la verdad leyendo a otros que hablaron de la verdad en los primeros siglos (Padres de la iglesia). Estoy siendo tentado continuamente”. Otro día escribí esto: “Hoy he llegado a la siguiente conclusión después de haber tenido un sueño: Somos salvos por la fe en el Señor Jesucristo y su evangelio. Pero la fe sin obras está muerta, por lo que es preciso que nuestra fe esté viva para ser salvos. No somos salvos por creer únicamente en Cristo, porque los demonios creen y eso no les salva. No somos salvos por hacer obras de la ley (La Torah), sino por gracia para que nadie se gloríe, esto es, no necesitamos realizar ningún rito o ceremonia para ser puros como por ejemplo la circuncisión que practican los judíos, presentar sacrificios por los pecados, etc. No somos salvos por tanto sólo por decir Señor, Señor (esto es por creer en su nombre), sino por cumplir los mandamientos, para lo cual nos capacita el Espíritu Santo que recibimos al creer. Está escrito que sin santidad ni paz nadie verá al Señor. Está escrito que el que persevere hasta el fin será salvo. Está escrito que si crees y tu lámpara no está llena de aceite y encendida, te quedarás fuera. Está escrito que si escondes tu talento será echado fuera. Está escrito que no son bienaventurados los que escuchan y no cumplen la Palabra de Dios. Está escrito que si somos tibios El nos vomitará de la boca. Entonces si para ser salvos necesitamos cumplir con ciertas cosas, ¿para que murió Cristo? Cristo murió y resucitó para que pudiéramos ser salvos. El nos abre la puerta del cielo, pero para que la gracia de Dios opere en nosotros es preciso estar en Cristo, esto es andar en El (No hay condenación para los que están en Cristo), andar en sus mandamientos, aquello que antes era imposible porque estaba rota nuestra relación con Dios aún cumpliendo sus preceptos, ahora es posible. ¿Y cómo solucionamos el problema de nuestros pecados? Porque está escrito que todos tenemos pecado. La muerte de Cristo en la cruz nos ha dado otra gracia, la del arrepentimiento de los pecados que es para salvación. Debemos confesar nuestros pecados para lo cual Jesucristo actúa de mediador y de abogado ante el Padre, pero debemos ser conscientes de que todo aquel que está en Cristo no peca. Lo que antes era imposible ahora es posible por gracia de Dios, por el cordero de Dios que quita el pecado del mundo. Por lo tanto rechazo como falso el concepto de salvación que dicen algunos de  que no necesitamos hacer nada para ser salvos aparte de la fe, por otro mejor que creo es el que han creído los cristianos desde el principio, que el que cree en El, haga lo que El dice y que nos ocupemos entonces de nuestra salvación con temor y temblor y también con reverencia, confiando en su gracia en nosotros, y no actuando como si ya hubiéramos alcanzado la meta, sino como deseando alcanzarla.
«Nunca me he considerado nada mas que cristiano, y nada menos. Otros en cambio además de considerarse a si mismos cristianos les gusta identificarse con la denominación: “Yo soy católico”, “Yo soy protestante”, “yo soy evangélico”, “yo soy bautista”, “yo soy pentecostal”, “yo soy testigo de Jehová”, “Yo soy adventista”, “yo soy mormón”, “Yo soy de la Iglesia local”, “Yo soy...” “Yo soy...” “Yo soy...”...».
    «Doy gracias a Dios nuestro Padre el cual no me permitió nunca tomar partido, excepto en todo caso, por Cristo, aunque realmente aún me falte mucho para ser digno de ser llamado discípulo, quiera el Señor tener misericordia de mi»
    «La doctrina cristiana es la mas sencilla de todas las que puedan existir en el mundo, ya que está preparada para ser entendida por los pobres y humildes de este mundo, en vez de sabios y eruditos, y es el único libro que puede ser resumido en dos frases: “Ama a Dios sobre todas las cosas, y ama a tu prójimo como a ti mismo». «Donde hay confusión no está Dios». «El que no reconoce sus pecados y dice que ama a Dios, no dice la verdad». «El amor enriquece al hombre». «Jesucristo mismo edifica su Iglesia sobre la tierra, desde Pentecostés hasta hoy. El es el arquitecto y constructor de esta obra de Dios. Los apóstoles son los peritos arquitectos (1 Corintios 3:10). La piedra de Mateo y 2ª Pedro son dos piedras diferentes.
    Sin darme cuenta se está produciendo en mi una transformación y hay cosas de antes que no empiezo a soportar. El 29 de Julio (Jueves), asistí a misa en la tarde en la parroquia del Carmen. Deseaba oír misa y necesitaba participar de la comunión. El 1 de Agosto (domingo), mi mujer me acompaña por primera vez. La experiencia fue muy agradable. Estamos regresando.
    El 10 de Agosto falleció su tía Isabel. Me atreví a hacer las lecturas en su misa en el cementerio. Vaya sensación, y vaya momento, después de todas mis experiencias apartado de la Iglesia, allí estaba yo, leyendo la Palabra Sagrada de Dios con voz firme y pausada ante mis familiares. Que diferente hubiera sido ese día si no hubiera ocurrido en mi vida esta revolución de las últimas semanas, ya que una de las grandes frustraciones que tenía meses atrás, es que haríamos el día que eso sucediera. Durante un tiempo estuvimos meditando en el pasado el no hacerle ni misa porque no queríamos participar de ritos católicos. El mismo día del entierro, pensé en mi pobre vecino “Miguel”, y decidí visitarlo. Me di cuenta que estaba muy desmejorado, y desde aquella noche decidí que en adelante me haría cargo de el y lo iba a cuidar. Así que desde ese día comencé a hacerle las comidas, irle a los recados y atenderle en sus urgencias. Y el domingo, a participar de la Eucaristía. A mi vecino le quedaban cinco semanas de vida, pero no lo sabíamos ninguno lógicamente. A la semana siguiente de decidir hacerme cargo de sus cuidados, se puso malo y le atendí aquella noche en la madrugada, acudí a su casa en mitad de la noche al oírlo a través de la pared, y llamé a la ambulancia. No le atendieron muy bien, y al día siguiente estaba de vuelta en la casa, pero nuevamente dos noches después se volvió a repetir y se lo llevaron, para nunca volver a su casa. A partir de ese día, mi vida se convirtió en un poco mas difícil, ya que cada día acudía al hospital para acompañarle un rato, y darle el almuerzo. Esto fue lo que escribí al enterarme de la muerte de mi vecino que ocurrió el domingo, día del Señor, 19 de septiembre de 2004.
     “Hoy me enteré de la muerte de mi vecino, o mejor dicho, como nos llamamos a menudo en sus últimos días, “mi hermano”. Lo he oído a veces llorar en la noche a través de la pared, y llamar a la tele-asistencia para buscar un poco de conversación y compañía, lo he llevado a comer alguna que otra vez al bar de enfrente buscando el hacerle sonreír, y lo he asistido en numerosas ocasiones, aunque reconozco que no siempre que acudió a mi le atendí. Sin embargo he tenido el privilegio cristiano de poder atenderle y acompañarle un “poquito” en sus últimos días, de hacerle la comida en los días previos a su marcha al hospital, de calmar su angustia ante la cercanía de la muerte, de hablarle de Dios, de hacerle reconocer a Dios por medio de las buenas obras que el Señor nos concede hacer, de leer en su ojos muchas cosas, de pedirme un abrazo antes de subir a la ambulancia, de pedirme un abrazo y un beso cuando ya estaba en el hospital, de ayudarle a comer y animarle a que lo hiciera, de ver su sonrisa ante mi ímpetu para que el se mejorara, de dar conmigo sus últimos pasos por la habitación del hospital, y por último, después de varios días en los que no pude ir a verle, este domingo fui de forma imprevista, pero ya no estaba consciente, aunque estaba solo en la habitación, como siempre estuvo en los últimos años, sólo. Estuve con el 15 minutos, recé un padrenuestro, me acerqué, le miré y antes de marcharme desde mi corazón le bendije, y también lo hice con el signo de la bendición, aunque no soy sacerdote, lo sentí así. Hoy le pido a Dios que tenga misericordia de el y que nos perdone a todos los pecados.”






[1] No comunión como la conocen los católicos en la Misa, sino con el sentido de tener unión entre nosotros. Ellos rechazan los sacramentos.
[2] La cual he incluido al final de este libro
[3] Porque no se puede juzgar genéricamente a la gente, ni por lo que creas que hace uno, juzgar a los otros, cosa típica en la persona herida por causa del pecado, tanto católicos como protestantes.

viernes, 4 de octubre de 2013

NUEVO INTENTO

CAPÍTULO SEXTO

NUEVO INTENTO


    Escrito el 6 de julio de 2004 en mi diario:
           
    Este mes se cumple un año que llevo congregándome en una iglesia evangélica. Realmente he ido de más a menos. Llegué con esperanza y bastante sacrificio el primer día. Aun recuerdo la sensación extraña, algún hermano  acercándose a mí y hablándome un poco de su experiencia. Antes de él, otro hermano fue el primero en interesarse por mí. Sensaciones extrañas. Luego enseguida trato de acercarme a ellos cuando uno de ellos me invitó a reunirme con José María[1] en su casa. Con el tiempo llegué a la conclusión que su intención era “discipularme”[2], pero realmente no le di oportunidad ya que desde el principio mi forma de actuar era la de “compartir”. Deseaba ser libre, y yo no me sentía totalmente seguro después de los fracasos anteriores. No quería involucrarme demasiado, y mi pretensión era ir poco a poco y con pies de plomo, observando y estando atento. Mi boca estaba deseosa de hablar de Cristo y anunciar a Cristo, y enseguida me di cuenta de que en aquella casa ocurría algo extraño. José María era la confusión personalizada. Pronto surgieron las primeras tensiones y traté en todo momento de ayudar a la evangelización de aquella casa. Para ello sentía yo en mi interior, que me había estado preparando todos mis años inmediatamente anteriores a mi relación con las iglesias protestantes[3]. Creí que estaba desarrollando mi trabajo para Dios, y mi intención era esa.
    El hermano que me acompañaba, uno de los maestros de esa iglesia evangélica, tuvo que marcharse muy pronto para su país por problemas familiares. Creo que era de Honduras. El me pidió por favor que siguiera visitando a José María. Para mí fue la confirmación de estar cumpliendo mi vocación. [4] Lo tome como un reconocimiento personal, y un gesto de confianza, aunque yo no iba a ir solo sino que otro hermano de los líderes de la congregación iba a acompañarnos.
    Poco tiempo pasó para “percibir” que  el intento de discipularme[5] continuaba, aunque cambiando el maestro.
    Antes de marcharse tuve algunas charlas mas con el hermano que me presentó a José María. De esas charlas trataba de convencerme con arduas explicaciones para que fuera a la iglesia los jueves y  el domingo por la tarde. Un poco abrumado por sus palabras, me sentí un poco “obligado” pero pensé que debería “ceder” un poco en mis pensamientos y sacrificarme y adaptarme. Debía “cumplir” o tenia temor de quizás no estar actuando cristianamente. Seguramente las malas experiencias anteriores me hicieron dar un poco mi brazo a torcer, a ver qué pasaba. Estaba llegando a un punto donde no había llegado antes. En principio le dije: “si puedo, iré”. Llegó el domingo y acudí por la tarde también. Me sorprendió solo ver a emigrantes. Rápidamente pude comprender que todos los que estaban allí eran “novatos” y de nuevo como en casa de José María, sentí que era otro intento de “acostumbrarme” o “enseñarme” la forma de celebrar los cultos de esa iglesia evangélica.
    Sentí aquello como una especie de segundo turno tras el culto de por la mañana o un culto de segunda división. ¿De nuevo “discipulando”?
    Mirando hacia atrás me molesta pensar en cómo todo parece un intento de “acercarme” pero sin decírmelo claramente. Era como una estrategia de parte de ellos. Un modo de actuar con todo aquel que se acerca nuevo, o procedente de la Iglesia Católica, como era mi caso. No volví mas por la tarde y además aquel día se despedía aquel hermano por tres meses. No lo volvería a ver al menos en ese tiempo. En mi cabeza me rondaba aún la preocupación por bautizarme y se lo confesé así. El se aseguró de que yo entendía el significado, y tal vez le sorprendió que supiera explicarlo sin que ningún evangélico me hubiera enseñado eso. Me mostró su interés especial por bautizarme el mismo a su regreso. Por fuera le dije que si pero mi corazón no lo tenía muy claro ¿esperar tres meses más? Además, el tenia una idea de cómo quería hacerlo, pero mi idea era hacerlo en el mar, fuera de la iglesia evangélica. Mirando atrás, creo que ese deseo mío de bautizarme tenía dos motivos. Uno, el cumplir con aquello que a mí me parecía que era un verdadero bautismo, el cual debía ser de adulto y consciente. El no ver en la Biblia bautizos de niños, hizo que yo creyera entonces que el bautizo de niños no tenía mucho sentido. Mis contactos con protestantes me hicieron dar más base a esa creencia mía de entonces. El segundo aspecto, era que yo deseaba ser fiel a Dios y cumplir lo que yo creía que era un requisito obligado, y que realmente lo es. El de bautizarse. La cuestión, es que yo ya había sido bautizado de niño, y creía que ese bautismo no podía ser válido al no tener yo conciencia.
    Con pensamientos algo distintos nos despedimos con un abrazo, prometiendo escribirme[6]. De cualquier forma su oferta me hizo dudar al principio, sobre todo porque me ofreció preparar una especie de testimonio para leerlo en la iglesia a su vuelta. La idea me tentó lo suficiente para dudar si mi bautismo tendría que ser como él quería.
    Con todo, los primeros meses asisto con regularidad a lo que ellos llaman “cultos de alabanza y predicación”. No quise asistir al principio a lo que llaman “escuela dominical” por prudencia y por no sentir que me llamara. Los dos primeros meses noto la frialdad de la gente. Es raro tener a alguien que se pare conmigo a hablarme, saludarme o algo. Para mí no está habiendo diferencia entre las relaciones sociales en el mundo o en la iglesia. Yo tengo una necesidad de vivir como la Biblia enseña, y pienso que ellos que rechazan ser católicos porque dicen que los católicos no son cristianos ni viven como cristianos, deberían ser diferentes a como hablan de los demás. Sin embargo, salvo excepciones yo no percibo eso.
    Llego, canto, hago oración, escucho la predicación y me marcho a casa. No percibo amor hacia mí, ni comunión[7] con nadie. Tengo dudas de que cambie la situación en ese punto. Algo falla a mí alrededor. Los cristianos deben ser vistos desde fuera por sus buenas obras, como dice el Evangelio.
    En Septiembre de 2003 y desde la marcha del hermano evangélico, he empezado a tener contacto con otro hermano, “anciano” de la congregación[8]. El parece una persona muy jovial y amistosa. En varias ocasiones se ofrece para quedar cuando yo quiera para hablar. En principio tuvimos dos charlas en un bar tomando un refresco, siempre los lunes después de estar en casa de José María. En dos o tres ocasiones me invita a comer junto a mi mujer con él y su esposa. Yo lo dejo a la providencia de Dios aunque realmente no me parecía que ese día fuese cercano. En todo momento he mantenido a mi mujer al margen de la iglesia evangélica. Algo me impedía que me acompañara. Ella tampoco me pide ir. Cierto día después de estar en casa de José María, y u  poco cansado de comprobar que el bautismo no llegaba, “reté” en cierto modo a bautizarme en el mar, usando nuevamente como argumento ciertos pasajes del Nuevo Testamento. Curiosamente, después de tanto intentar ser bautizado de forma inmediata en las otras iglesias, tal vez por considerar que nadie me iba a dar eso, en la iglesia evangélica tardé unas semanas en mencionarlo y varios meses en conseguirlo. Finalmente “lo aceptaron”, y me rebauticé el 15 de septiembre de 2003 a las 17:00 en la playa. Obviamente con mi conocimiento actual de la Doctrina Católica, ese bautismo no fue nada más que una especie de declaración de intenciones por mi parte, mezclado con mi deseo de hacer un signo exterior y cumplir lo que yo entendía como la voluntad de Dios. Los que asistieron me dijeron: “Tu nombre ya está inscrito en el libro de la vida”, “Ya eres miembro de la Iglesia universal”. Nunca quise celebrar el bautismo dentro de la congregación evangélica, ya que no quería tener ningún tipo de pertenencia “oficial” a ella, mi anhelo es y era pertenecer a Dios[9].
    En cuanto a las reuniones de estudio bíblico en casa de José María, al que casi una década después volvería a encontrarme por la calle varias veces, con aspecto enfermizo y con su estado de locura mental más avanzado[10], era un anticatólico de cuarenta y tantos años. Ha andado con los mormones, testigos de Jehová, es capaz de mezclar el Islam con el cristianismo, y las iglesias evangélicas no le han terminado de convencer, sus amigos son ateos y algunos están relacionados con el mundo de las drogas y quién sabe si algo peor, pero él tenía una actitud muy caritativa hacia los pobres como él, ya que así se consideraba, y era amable, servicial y hospitalario cuando le conocí, a pesar de su visible desvarío, y estaba “obsesionado” con los mandamientos de la Ley de Dios, los cuales casi adora, pero su amor por los mandamientos está radicalizado posiblemente por las influencias que ha recibido de ciertos grupos y tal vez por su enfermedad (esquizofrenia). Está en contra de todo tipo de imagen porque dice que Dios las prohíbe, y entonces aborrece el tener en su casa cuadros, fotos de familiares, cualquier tipo de imagen o pintura. (Era en eso más coherente que muchos evangélicos que rechazan sólo algunas imágenes). Un día me pidió que le consiguiera un cuadro de arte abstracto, porque al menos el considera que eso al no significar nada, pues no va en contra del mandamiento. Una de las últimas veces que le vi., me dijo que “quería circuncidarse” porque la Biblia lo mandaba. Como digo, padecía algún tipo de esquizofrenia y está enganchado a ciertos vicios como el tabaco y el cannabis. Mis visitas a su casa en compañía de uno de los líderes de la iglesia evangélica no son productivas, ya que tiene muchas obsesiones y no le entran las cosas que predicamos, incluso llega a tener complejo de inferioridad conmigo y dice que me envanezco, pero eso no es verdad. Me pidió perdón varias veces por eso. Durante varios meses hemos estado asistiendo a esa casa, y hemos llegado a predicar a varios de sus amigos que por allí pasaban. A finales de Octubre de 2003, empezaba a sentirme incómodo en aquella casa, yo creía que tenía que salir ya de allí, y no sabía cómo hacerlo, así que le rogué a Dios que me ayudara. Al domingo siguiente fui a la congregación evangélica con la intención de decirle al hermano, que no quería ir mas a visitar a José María, pero él me sorprendió diciendo que este le había pedido aquella mañana que no fuera yo mas. Me sorprendió que no tuviera que hacer finalmente nada para salir de allí. Alguien me facilitó las cosas. Dios escuchó mi oración, eso creo.
    Que ingenuo soy. Al poco tiempo de dejar las reuniones en casa de José María que se producían cada semana, corté bruscamente una costumbre que había realizado durante varios meses. Fue extraño, ya que me encanta hablar a los demás de Dios. Me quedé como si me faltara algo. Al poco tiempo, el hermano que me había acompañado estos meses, me propuso reunirnos nosotros en la iglesia evangélica a solas. Ingenuo de mi, por un momento pensé que la intención podría ser enriquecernos mutuamente, pero no parecía eso cuando el tiempo fue pasando. Nuestras reuniones al principio no fueron como al final. Al principio coincidíamos mucho, había buen ambiente entre los dos, yo le contaba cosas de mi vida, le abría mi corazón, el me contaba menos de la suya, aunque si algunas cosas, pero poco a poco me fui dando cuenta de hacia dónde iban las conversaciones. La iglesia, mi asistencia a la iglesia, que yo me concienciara de la vida de iglesia, evangélica por supuesto. Ese punto comenzó a chocar conmigo, porque yo en ese punto tenía claro que no estaba dispuesto a atarme “oficialmente” con algo de lo que no estaba seguro que fuera lo que yo buscaba, y una enfermedad del hermano creo que fue el inicio de que finalizaran nuestras reuniones. De nuevo, providencial ese corte, porque la cosa se me ponía fea y me sentía presionado.
    La música, es una de las partes fundamentales de un culto evangélico. Los cánticos de alabanza. Es el espacio para que cada cual se “suelte” en adoración libre y espontánea a Dios participando activamente. Sin duda es la parte más atrayente para muchos. José María, este hombre esquizofrénico al que estuve visitando, me confesó que decidió ir a la iglesia evangélica atraído por los cánticos. Yo mismo me sentí atraído por ellos, la verdad es que yo soy un gran aficionado a la música y nunca desprecio una buena melodía. Hay ciertos grupos que se dedican a evangelizar para sus iglesias evangélicas con este sistema. El poder de la música. Cierto hermano evangélico me confesó en una ocasión que esto tenía algo de “trampa”, pero que si con ello se acercaba la gente, sería bueno. La verdad es que en mi opinión es mejor atraer a alguien por el amor a Dios y el conocimiento del evangelio completo de Jesucristo que de una atracción ficticia de los sentidos. Es como ver una película. Al principio tienes el gusanillo emocional pero cuando pasa un tiempo y las emociones se relajan, no te queda nada de aquello.
    Al principio tenía cierta expectación por oír lo que los predicadores tenían que decir en lo que llaman “culto de predicación”. Tal y como yo me lo imaginaba es que hablarían mucho de cosas bíblicas, de Cristo de los evangelios, etc. y que sería más ameno que a lo que yo pudiera estar acostumbrado en la Iglesia Católica donde de adolescente siempre me parecieron aburridos los sermones de casi todos los sacerdotes que escuchaba (que no fueron tampoco demasiados).
    Debo decir que salvo excepciones contadas fue para mí otra decepción. Las predicaciones no me aportaron nada, y en los últimos domingos en los que asistía hasta llegaba a desesperarme porque acabaran y el aburrimiento empezaba a apoderarse de mí. Recuerdo a uno de los hermanos que predicaba que me dijo en varias ocasiones que cuando estaba tras el púlpito le temblaban las piernas y que prefería no tener que hablar, que lo hiciera otro, mas preparado. Lo cual me resultaba chocante. Los temas que tuve la oportunidad de tratar eran para mi casi irrelevantes. Eran como una clase de historia pero a palo seco. A veces tenía la sensación de que ojala pudiera hacerme invisible para marcharme y que nadie se molestara, pero me quedaba por miedo a ser señalado y guardar las formas. Recuerdo y puedo mencionar a alguien que vino de fuera para predicar, y habló de que toda la congregación debería de involucrarse en la alabanza, y no dejar que fueran los hermanos encargados de tal ministerio fueran los que llevaran el asunto. Me dio la sensación de que la gente era fría y me sorprendía que necesitaran de un rapapolvo o empujón para tener una vida de congregación más activa, con lo que critican a la Iglesia Católica de sus múltiples deficiencias. La sensación mía fue esa; que la gente era fría y que necesitaba calentarse de manera artificial y forzada, porque hay ciertas cosas que o salen del corazón o no salen como deben salir.
    Al principio de llegar a la iglesia evangélica no tenía intención de asistir a la escuela dominical, ya que en este tiempo una persona suele exponer un tema, pero luego los hermanos que asisten suelen tomar la palabra para aportar ideas a lo que se está exponiendo, pero he visto algo muy negativo en todo esto. No sólo se aportan ideas particulares “privadas” por parte de cada hermano que interviene, sino que también se dan opiniones particulares que a veces incluso pueden llegar a contradecir con lo que el  hermano que expone el tema ha dicho, e incluso contradecirse los hermanos unos a otros. Si esto es posible dentro de una sola congregación es fácilmente comprensible el porqué existen tantas denominaciones protestantes y sectas diferentes. ¡No se han puesto nunca de acuerdo con la misma Biblia en la mano!. Yo, como digo, al principio no quería asistir, porque no deseaba recibir ninguna influencia que pudiera mezclarse con los conceptos que yo tenía, o dicho de otra forma: no me fiaba, y además primero necesitaba tener más confianza con los hermanos, para no sentirme extraño. Este fue el periodo en el que yo asistía nada más que al culto de adoración y predicación entre las 12 y las 14 horas más o menos. Después, un domingo asistí especialmente para observar que era exactamente eso de la escuela dominical, algo que en mi cultura católica no existía, es decir, yo no había visto nunca nada parecido, aunque obviamente años más tarde descubriría que el que no aprende de la Biblia en la Iglesia Católica es porque no sabe cómo hacerlo o no quiere aprender. Al principio opté por sentarme en la última fila y sólo participé como oyente. Creo que muy pronto, cuando empecé a asistir a la escuela dominical dejé de ir al resto del culto ya que personalmente me parece excesivo sacrificio pasarse 4 horas sentado en un banco de iglesia.
    Otra cosa extraña que me llamó la atención desde el principio era la poca gente que asistía a este culto que comenzaba más o menos a las 10 de la mañana, en relación con la gente que asistía después a partir de las 12. Tal vez pensaran lo mismo que yo pero actuaban al revés, y asistían mas al culto del “segundo turno” donde está más presente la música y otros detalles tal vez mas amenos. El caso es que así eran las cosas en esa congregación protestante.
    En seguida tuve la sensación de que hay dos turnos como si se tratara de un cine o un teatro. La función de las 10 y luego la función de las 12.
    Volviendo a las escuelas dominicales, desde el principio empecé a oír cada domingo alguna incoherencia, al menos con mis creencias basadas en la misma Biblia que ellos manejaban y que por supuesto yo también leía y amaba. Salía de la reunión, llegaba a mi casa un poco quemadillo (en vez de llegar con paz), y lo comentaba con mi mujer. Algunos domingos esto me provocaba verdadero dolor de cabeza. No lo entiendo. ¿Si la biblia dice así, porque ellos lo interpretan de otra manera?
    Por otro lado, una de las cosas que más conflicto me han provocado siempre durante mi experiencia protestante ha sido la falta de “unanimidad”[11].
    Al poco tiempo de asistir me armé de valor (trabajo que me costó, dado mi carácter ante los demás). Con muchos nervios por dentro y con algo de temor, decidí un día dar también yo mi opinión. Ahí empecé a darme cuenta que cada vez que hablaba me sentía como si fuera un extraño en medio de lo que se suponía tenía que ser una comunidad de personas unánimes en Cristo. Llegué a discrepar incluso con el que compartía el tema en más de una ocasión. Con un hermano por ejemplo, con el que tuvimos algunos cambios de impresiones que para mí no eran agradables, aunque no podía evitar tener que hablar cuando veía como la sana doctrina (según mi parecer) estaba siendo puesta en entredicho y por tanto en peligro. Por ejemplo, aquel día esa persona dijo que algunas veces perdemos al Espíritu Santo (literal), o que Dios no endureció el corazón al Faraón como por otra parte está escrito en la Biblia (literalmente), sino que el propio Faraón era así de malo (lo cual era verdad), o que a Dios no se le podía atribuir el endurecer a nadie el corazón (en realidad es así). Claro, el problema está en la interpretación privada de la Biblia, lo cual es costumbre seguida en estas congregaciones protestantes, y yo seguía también esa costumbre, como era lógico estando donde estaba. Otra contradicción es el rechazo que ellos tienen de lo que llamamos los católicos, “Magisterio de la Iglesia”, es decir la enseñanza oficial de la Iglesia, la Tradición de 20 siglos, etc., y en cambio ellos mismos tienen sus propios “guías” humanos que les van “corrigiendo” en cada congregación.
    El caso es que si la Biblia se puede leer y aprender al margen de la Iglesia Católica, como ellos piensan, eso es lo que explica el sectarismo existente, y como cada iglesia protestante se divide a sí misma, creando otra nueva en otro lugar, y cómo desde Lutero se han ido los cristianos protestantes subdividiendo hasta el infinito, e incluso dentro la misma congregación pueden haber opiniones diferentes sobre una misma doctrina, lo cual convierte a estas iglesias en la torre de Babel.
    Como yo estaba fuera de la Iglesia Católica, mi modo de aproximarme a la Palabra de Dios, era siempre según mi propio parecer, y por eso, si otro tenía una opinión, o un conocimiento diferente de un tema, eso era motivo de tensión para mi, al igual que lo sería para cada uno de ellos.
    Otro caso fue cuando ponían en duda que Dios supiera que Adán y Eva iban a pecar, cuando la misma Biblia declara que Dios conoce todas las cosas y sabe lo que hay en los corazones (lo cual es así). O por ejemplo, no ponerse de acuerdo en el papel del hombre y la mujer tal y como está escrito en algún punto de la Biblia, y comenzar a citar a autores de libros que hablan sobre el tema, filosofías, o perderse el tiempo totalmente en conversaciones profanas sin citar ni un solo versículo bíblico, cosa que a mí me sorprendía mucho. No serían pocas las veces que en conversaciones con un hermano de la congregación, este me admitía la mundanalidad que a veces se infiltraba en las congregaciones.
    Otra cosa de la que me percaté es la cantidad de tiempo que se pierde en asuntos irrelevantes cuando los importantes según mi forma de ver, nunca llegaban, pero sobre todo lo peor es el riesgo de discusiones por asuntos de palabras como las entiende uno u otro, lo cual me daba la impresión de que más de uno de los que no hablaban nunca, tal vez callaran por temor a repetir situaciones desagradables del pasado respecto a este mismo tema, creándose alrededor un clima extraño que yo percibía en mi interior.
    A esto nos lleva el asunto de la libre interpretación de las escrituras en vez de dejar el tema a los que tienen esa tarea dentro de la Iglesia, y seguir por supuesto todos una misma línea en cuestiones de fe y doctrina.
    Poco a poco me iba cansando de repetir cada semana, de no avanzar, de no haber una conclusión clara en nada, de dar la impresión de haber 5 opiniones distintas y de no conocer la de la mayoría, pero aún así, seguí asistiendo aún un poco más. La gota que colmó el vaso de mi paciencia fue cuando otro hermano inició una serie acerca de cómo debemos ser como iglesia, y se empezó a tocar el tema de la iglesia primitiva que siempre me fascina, y me pude dar cuenta que efectivamente lo que debe tener la iglesia es unidad y comunión, y eso no se da cuando los hermanos se separan y se agrupan “humanamente” en torno a lo que según el razonamiento de  cada cual, es bíblicamente correcto o no. Hay otros tipos de “agrupamientos” dañinos también en la Iglesia Católica, pero ese tema lo dejo para un próximo libro.
    Realmente este es un punto que no descubrí ahí, sino que al leer los evangelios o las cartas de Pablo o los Hechos de los apóstoles, salta a la vista que la Iglesia verdadera tiene que estar unida, y que era lógico que incluso en los primeros siglos hubieran ciertas dificultades para comprender la revelación de Dios, pero que 2000 años después, hay ciertas cosas que deberían tener una postura clara por parte de la cristiandad, y así era en realidad, pero yo entonces, como rechazaba a la Iglesia Católica, o mejor dicho, rechazaba el concepto de Iglesia Católica que tenía yo, y no era consciente que eso que yo pensaba también lo creían los católicos, y que eran enseñanza oficial de la Iglesia Católica.
    Este asunto si lo han comprendido de una forma u otra, algunos grupos sectarios, pero siguen en mi opinión equivocándose al quedar divididos del resto de los cristianos. No importa cómo te denomines, la unidad de los cristianos tiene que ser real. La iglesia católica la desea, pues yo también. Amén. Mis posteriores búsquedas en los escritos de los Padres de la Iglesia me dieron más razones a favor del punto de la unidad en la Iglesia, por ejemplo recuerdo ahora, las cartas de San Ignacio de Antioquía o de San Clemente de Roma.
    Cada vez mis participaciones en la escuela dominical eran más cortas y más breves, limitándome a citar un versículo bíblico contundente. La última vez que intervine fue para apuntar lo que la iglesia primitiva hacía: “perseverar en la doctrina de los apóstoles”, algo que ya para aquel entonces, veía que no sucedía allí, ni encontraría en ninguna división de la iglesia o denominación.
También pude comprobar esa última semana como no importaba lo bueno que se pudiera decir, siempre había algún hermano aportando la cizaña para que todo lo oído quedara en confusión en las mentes de los oyentes. Yo advertí de esto al hermano que compartía el tema, pero no me hizo caso. Mis presencias en la escuela dominical habían terminado, debía liberarme de esto que en vez de darme la paz me la quitaba, en vez de aclararme la mente me la ponía turbia. Mi presencia tampoco iba a ayudar, ya que al dar mi opinión sería tan sólo una mas dentro de la ya de por si situación confusa. Escribí en mi diario, el 23 de Febrero de 2004:
“Esta semana ha sido difícil en mi relación con La iglesia evangélica. En pocos días, hasta 2 personas me han preguntado por mi mujer respecto a que si es “convertida” (me pregunto si significará lo mismo que ser salvo). Primero un hermano, en un desayuno concertado, y apresurado ya que el tenía prisa para realizar sus tareas, y nuestra reunión se convirtió en un interrogatorio acerca de mi. Me preguntó que si yo había sido egoísta, me invitó a asistir a la reunión del coro el sábado por la noche. Me instó en cierto modo a plantearme el hecho de tener hijos, explicándome los beneficios que eso conlleva. Me instó en cierto modo a que trajera a mi mujer a la iglesia evangélica, y yo como siempre hago, le di las respectivas excusas de porqué eso no se ha producido aún, ni se cuando se producirá. Luego tuvimos algún contraste respecto al tema económico. Yo le dije que a mi me parece que el cristiano debe dar muestras de su humildad ante los demás (en el mundo), para que vean estos a quien servimos. Dije esto porque vi un coche en la puerta de la iglesia evangélica, bastante coche. La opinión de él es diferente, respecto al tema económico, creí entender. Aunque el vive apoyado por los hermanos económicamente. El sábado fui la iglesia, pero me encontré incómodo en un ambiente muy cargado. El hermano, que me había invitado a asistir, no estaba. Tampoco comenzaron a las 8:00 como me dijo, y tuve una charla con un hermano acerca de las “divisiones” en la iglesia. El estaba de acuerdo en que las denominaciones no son buenas y que debería existir unidad. Criticó a los pastores por no hacer esto posible, y habló de su pasado en otras denominaciones protestantes, del tema de “hablar en lenguas” que tienen otras denominaciones, de los problemas que esto ha causado, de las cosas que ha visto, y me insinuó también acerca de problemas anteriores en esa iglesia, relativos a este tema. Es poco edificante para mi el hecho de hablar en estos términos, y con esta persona siempre se habla en estos términos. De cualquier forma, parecía estar de acuerdo en lo que yo le proponía acerca de la unidad y la división. Y coincidimos en que mientras la iglesia en nuestra ciudad y en el mundo no esté unida no tendrá el poder para evangelizar que necesita.

El domingo fui nuevamente. De nuevo, ambiente frío, no siento tener amigos allí, a pesar de intercambiar palabras con algunos. Un hermano me felicitó acerca de lo último que le mandé por e-mail. De nuevo el espacio de lo que llaman escuela dominical me pareció desaprovechado en hablar de cosas que poco tienen que ofrecer al crecimiento cristiano, que debe estar basado en el amor y las buenas obras. Hablé un par de veces y me sentí de nuevo sin confianza. Cité profecía del Señor Jesús acerca de los tiempos finales y su similitud con los días de Noe, pero a nadie pareció interesar esta palabra.
Mas tarde fui a visitar a un hermano  que estaba enfermo. Cambié eso por estar con mi mujer y mis animales. Sentí en un principio la necesidad de hacerlo. Luego la visita para mi no fue tan grata. La charla con el, deriva últimamente siempre hacia el mismo sitio, y ya no disfruto como antes. Para colmo, vino un matrimonio de la iglesia  a verle, y coincidieron conmigo. La mujer,  después de enterarse de que estaba casado, me instó a llevar a mi mujer a la iglesia, y me dijo que Dios quiere que estemos juntos para aprender. No me pareció que entendiera mis excusas acerca de porque esto no se ha producido, ni de mis explicaciones acerca de lo que yo entiendo por “congregarse”. No lo conté allí pero lo cuento aquí: El jueves por la tarde, yo no fui a la iglesia evangélica, pero mi mujer y yo si nos congregamos para hablar de la Palabra de Dios, y oramos. Mi sensación fue de sublime paz, amor mutuo y sentía que el espíritu se elevaba[12]. Que diferente de otras sensaciones que siento cuando estoy en la iglesia evangélica  y el corazón me late más deprisa y la boca se me seca.[13]
La sensación que me dejó el domingo, fue que para algunos es imperativo [14]asistir a la iglesia evangélica  el domingo, cada semana, y que al que no lo hace así lo ven como si estuviera faltando a algún mandamiento de Dios, y que ahora no comprende pero que ya comprenderá. La noche para mí ha sido triste en mi espíritu, y tensión al despertarme sin poder dejar de pensar en lo que pasó esta semana. Sensación de no querer volver, pero atadura por algún compromiso con algún hermano.
    Otro día escribí en mi diario: “Hoy en La iglesia evangélica asistí por casualidad a un acto nuevo en mi vida; Se predicó desde el púlpito, el evangelio de salvación de nuestro Señor Jesucristo (modo de decir de los evangélicos). También se habló del bautismo y se explicó su simbología. El predicador hizo hincapié sobre la importancia de “la profesión pública” de la fe e instó a que el bautismo no fuera “demorado en exceso”, ya que es algo muy importante, ya que con el bautismo se proclama la Fe en que Cristo es el Señor.”[15]
 En mi opinión en esta congregación no se está predicando el mensaje tal y como lo vemos en las escrituras, y tenemos el testimonio y la forma en que esto es, por aquellos que nos precedieron. Más bien da la impresión de que algunas cosas se acomodan más en base a tradiciones y costumbres de cada una de las iglesias evangélicas, que siguiendo en la forma y en el fondo, aquello que nos fue enseñado por nuestros predecesores en la fe.
    Una hermana de la iglesia evangélica me escribió con bastante sinceridad, abriendo su corazón y me dijo acerca de cómo se sentía. Para mí fue un mensaje revelador de que se critica a los católicos por sus “pecados”, pero los problemas y el pecado están en todas partes. Ella decía esto:    «En cuanto a hoy en día; en parte me siento un poco triste porque veo que como iglesia estamos un poco estancados y volvemos una y otra vez a lo mismo. Creo que no buscamos lo suficiente la presencia de Dios y su voluntad. » «Se que hay hermanos a los que no les gusta nada que esto se diga, pero lo reconozcan o no, creo que la iglesia evangélica es una iglesia inmadura.» «Vemos demasiado el mundo que nos rodea y nuestros propios deseos. No logramos ver las cosas desde donde deberíamos, con los ojos de Dios y desde esa eternidad. Queremos que Dios haga, y de verdad tenemos en nuestro corazón que sea su voluntad. Pero a la hora de la verdad, salen nuestros deseos, y si no hace Dios las cosas como nosotros sinceramente creemos que es lo mejor, no nos conformamos.» «Yo particularmente, he estado demasiado tiempo también estancada, incluso creo que fui hacia atrás. Desánimo, rebeldía, soberbia. Me dejé llevar por demasiadas cosas. También comencé a mirar en mí y no a Dios. Solo veía mis circunstancias y me volví egoísta, como no lo había sido en toda mi vida.  Ahora estoy intentando salir de ahí. »
   
Más apuntes de mi diario:
    Solíamos reunirnos los domingos muy temprano, antes del culto para compartir un pequeño grupo de personas la Palabra de Dios y orar. Hice anotaciones en mi diario: lunes, 10 de mayo de 2004: Estuve hablando con mi hermano J***** mas de una hora acerca de varios asuntos: La iglesia evangélica, el pecado, el arrepentimiento, lo que debemos hacer. El me dice que el Señor le está demandando más en su vida.
    domingo, 09 de mayo de 2004: Esta mañana he compartido la Palabra  con A****** y J**** en La iglesia evangélica, acerca de la necesidad de velar, comprar oro refinado por el fuego y cuidar de nuestras vestiduras. También he hablado acerca de cuidar nuestra salvación, para que nuestro nombre siga inscrito en el libro de la vida. Basado en los mensajes a las 7 iglesias de Apocalipsis en el que el Señor habla de “conocer nuestras obras”. Luego vino F****** y oramos, hoy tuve un gran espíritu de oración y de alabanza a Dios. Mas tarde hablé acerca de que tenemos que ser luz para el mundo comportándonos como Cristo nos enseñó y luego hablé del fundamento que es Cristo. También hablé con el muchacho que conocí el otro día que se llama A****. Compartí con el algunas cosas de la palabra y le insté a llamarme en la semana para compartir. Llego a casa verdaderamente cansado.







[1] Una persona con esquizofrenia y con una vida perdida, que en aquella iglesia estaban intentando de seguir y atraer hacia su congregación.
[2] Palabra que utilizan en estas iglesias para decir que te están enseñando la fe cristiana.
[3] Cuando me levantaba muy temprano para orar a Dios, leer la Biblia y hacer estudios personales de la Palabra de Dios, tomando notas en cuadernos. Luego al despertar mi mujer, compartía con ella cada mañana mis nuevos descubrimientos y orábamos juntos. Esta práctica la había estado desarrollando durante los tres años anteriores mas o menos.
[4] Enseñar, evangelizar y estar relacionado con los asuntos de Dios
[5] En la Iglesia Católica decimos “catequizar”
[6] Recibí una postal suya meses después en las que entre otras cosas me decía que Dios me había “reservado” para algo especial.
[7] Entendiendo como comunión, la unión, la fraternidad, el amor entre los hermanos manifestado de una manera diferente a como el mundo se comporta.
[8] Según el concepto evangélico
[9] Ahora veo aquel acto mas como una necesidad de mi parte de confirmar mi fe ante Dios, un poco confundido por seguir sólo lo que veo en la Biblia o escuché a hombres, en vez de tener una visión global de la doctrina a la luz de la Iglesia verdadera de Jesucristo.
[10] Año 2012
[11] Tan reclamada como algo importante en varias partes de la Biblia. Uno de los pasajes que más me hacían meditar esto era 1 Co 10-13.
[12] Esta es una cosa que he experimentado unas pocas veces cuando he orado, es una sensación maravillosa, como si mi espíritu se elevara sobre mí, se me hace más grande la habitación, tengo como la sensación de flotar y mucha paz. Me cuesta abrir los ojos cuando me siento tan bien.
[13] Síntoma de ansiedad, es decir de miedo a algo. Incomodez.
[14] También en la Iglesia Católica es obligado asistir a Misa los domingos.
[15] Sólo de valor simbólico para los evangélicos de ciertas ramas protestantes.

lunes, 2 de septiembre de 2013

NECESIDAD DE ENCONTRAR LA IGLESIA

CAPÍTULO QUINTO

NECESIDAD DE ENCONTRAR LA IGLESIA


Es tal vez Jack Van Impe, este predicador protestante el que me “despierta” el tema de la Iglesia, hasta ahora secundario o inexistente para mí. En el librito “Primeros pasos en una nueva dirección”, el habla de que cuando nacemos de nuevo por la fe en Cristo, a continuación nos debemos bautizar, no porque el bautismo salve –según Van Impe-, sino que somos salvos sólo por la fe en la sangre de Cristo[1]. El dice también que con el bautismo no somos limpios del pecado. Eso creí yo entonces, siguiendo mi mala costumbre de quedar cautivado con la “nueva doctrina”. Es entonces cuando empiezo a plantearme y “angustiarme” por no haber sido bautizado de esta manera, sino sólo en aquella Iglesia Católica de la que hace tiempo me aparté. Pero realmente nunca tuve demasiado claro el tema del bautismo ya que la Biblia parecía decirme otra cosa, el bautismo en la Biblia está ligado automáticamente a la confesión de la fe, y no se demora sino que es un acto único, en el que una cosa va unida a la otra. Poco después, sintiendo la necesidad de ser fiel a la Palabra de Dios tal como la comprendía yo en ese momento[2], comencé a indagar en que iglesia se practicaba lo que yo estaba entendiendo como el verdadero y único bautismo bíblico. ¿Cómo hacerlo? Acudir en persona a alguna iglesia no católica me daba temor, ya que como hay tantas no estaba muy seguro de cual sería secta o cual sería iglesia verdaderamente cristiana. De modo que internet fue mi herramienta para comenzar mi búsqueda. Busqué una iglesia y me encontré con una evangélica con la cual contacté por e-mail y les hice las preguntas sobre el bautismo: ¿Cuál era la forma correcta de hacerlo? ¿Quién tiene autoridad para bautizar?, etc. Obtuve respuesta tras algún tiempo de espera el 25 de Junio de 2001. Seguramente habría desconfianza en mí, porque aunque la explicación fue buena, decidí preguntar en otro lugar para asegurarme de que coincidían[3].
Esta segunda respuesta la obtuve el 9 de Agosto de 2001 por e-mail. En dicha respuesta me aconsejaban que me bautizara aunque no asistiera en principio a ninguna iglesia, y me daban como opción la de contactar con alguna persona que conociera yo, cristiana no católica por supuesto y bautizada o bien me acercara a alguna iglesia donde se predicara “fielmente la Palabra” (según ellos), y pedir el bautismo. Esta segunda opción fue la que escogí, no tenía otra salida, sin embargo aún tenía inquietudes respecto al tema. Era reticente a acudir a una iglesia protestante. Si hubiera podido, mi deseo era bautizar yo a mi mujer y que mi mujer me bautizara a mí, y ya está, pero entendí que eso no era bíblico después de que me respondieran por segunda vez dos días más tarde. La sugerencia de estas personas, era darme direcciones de iglesias en Málaga donde pudiera yo acudir para pedir el bautismo. Y así lo hicieron. Ya tenía las direcciones, ahora me tocaba decidirme. Pero no era nada fácil. Tenía temor y dudas a pesar de las respuestas. Creo que fue aproximadamente en el verano del 2001 cuando sentí por primera vez la curiosidad-necesidad de entrar a una iglesia no católica. Lógicamente esta convicción no llegó de la noche a la mañana, sino que fue un proceso de tiempo. Fue en Julio de ese año, cuando entré en una página de una iglesia cristiana (bautista), y ellos me invitaban a solicitar una Biblia gratis. Lo hice, y ese libro ha sido mi bendición desde entonces. Lectura casi diaria, estudios personales de la Biblia, etc. Enseguida comienzo a escribir en foros de internet sobre temas de la Biblia. Uno de ellos es en www.forocristiano.com y mi Nick fue 2timoteo4:2
2 Timoteo 4:2 este era mi avatar en el foro cristiano

El 25 de Agosto de 2002 ingreso en este foro de Iglesia.net, y allí trato de publicar lo que escribo. Enseguida me doy cuenta de lo que agota porque siempre están discutiendo. Escribí un total de 230 mensajes en ese foro. El último fue el 21 de Mayo de 2005, ya cuando llevaba unos meses en la Iglesia Católica, y lo hice para dar testimonio de mi conversión, lo cual me supuso una gran persecución. En mi estancia en ese foro protestante, me daba cuenta con el tiempo que los protestantes no se ponen de acuerdo con los católicos, pero es que realmente constato que entre ellos mismos hay discrepancias y grupos por doquier. Es ahí donde empiezo a darme cuenta de que yo no soy protestante, porque no comparto estas formas de actuar, y así se lo digo a un forista que duda de cómo debe ser llamado, ya que fue católico y ahora no lo es. Esta fue mi respuesta:
Estimado *****, si eres seguidor o discípulo de Cristo, sólo eres una cosa: cristiano, y eso es correcto.
A los discípulos se les llamó cristianos por primera vez en Antioquía. (Hechos 11:26). Eres seguidor de Cristo, no por la etiqueta de la iglesia, sino por otra cosa: crees en el mensaje del evangelio, oyes la Palabra de Dios y la obedeces. Dios te bendiga por decir: "soy cristiano"
Desde el principio yo lo tengo claro, porque la misma Palabra de Dios lo dice muy claro. La iglesia de Jesucristo debe estar unida. No a los grupos[4], no a las divisiones y no a las separaciones entre hermanos. Mi concepto de cristiano se corresponde con las palabras de Jesús, en eso no tengo ninguna duda:
…para que todos sean uno; como tú, oh Padre, en mí, y yo en ti, que también ellos sean uno en nosotros; para que el mundo crea que tú me enviaste[5].
…un Señor, una fe, un bautismo[6]
Os ruego, pues, hermanos, por el nombre de nuestro Señor Jesucristo, que habléis todos una misma cosa, y que no haya entre vosotros divisiones, sino que estéis perfectamente unidos en una misma mente y en un mismo parecer.[7]
Es en este foro donde arremeto públicamente en varias ocasiones contra cosas del a Iglesia católica que no comparto, pero también lo hago contra los protestantes, quedando un poco como en medio de todo, en solitario. Apartado de lo católico, no encajando en lo protestante, mi concepto ahora empieza a ser: “soy cristiano y punto”. Es en este foro donde trato el tema del bautismo que durante más de un año me ha estado rondando la cabeza sin llegar a realizarlo. Simplemente había pasado un año, pero no me había decidido a asistir a ningún sitio; Seguía esperando. Pero al tratar el tema en el foro, definitivamente llegué a la conclusión que debía bautizarme cuanto antes. Esto fue después de publicar el tema: ¿Cuándo debe uno bautizarse? En Octubre de 2002. Para entonces, yo ya tenía en mente una cosa clara. El bautismo que veo en la Biblia se hace de forma inmediata después de creer ¿dónde se practica así hoy, pensaba yo? Yo he sido bautizado siendo un recién nacido en la Iglesia Católica, sin embargo no tengo conciencia de ello, nadie me preguntó, no era mi fe confesada, sino la de mis padres y padrinos en mi lugar. Muy recientemente he sabido que esa confesión de fe se efectúa también en la Iglesia Católica en el Sacramento de la Confirmación, el cual yo de niño, no recibí, supongo que por ignorancia y dejadez de mi religión. El bautismo de niños no aparece en la Biblia de forma expresa, aunque tampoco está totalmente hay nada que pueda uno sacar de la Biblia para negar el bautismo a los niños. Yo quiero entonces seguir el ejemplo bíblico, basado en mi libre interpretación que es totalmente válida para mi. Siguiendo el error protestante. No me estoy percatando que el bautismo de niños viene practicándose en la iglesia durante 15 siglos antes de la llegada del protestantismo, y que aún Lutero no pudo rechazar el bautismo de niños. Es una pena que muchos hermanos separados nieguen este sacramento, ya que es mediante el bautismo con el que recibimos de Dios el mayor regalo, que es ser hecho hijo de Dios y miembro de la Iglesia. Este es un auténtico regalo de Dios, y verdaderamente lo es. Yo no sería miembro de la Iglesia y cristiano si no fuera por haber recibido al principio este sacramento, y luego en mi infancia, una educación de acuerdo a la fe cristiana, aunque esta fuera sólo básica.
Por el contrario, los hermanos separados, sufren al ver a sus hijos en algunos casos que según sus creencias, no aceptan a Cristo como Señor y Salvador personal, según el modo de entenderlo de cada iglesia o secta protestante, y por lo tanto sufren por ellos, y esperan que Dios se manifieste en sus vidas o que decidan interesarse por él, cuando todo hubiera sido tan sencillo como haber ofrecido de parte de Dios el regalo del agua bautismal al niño, para que este naciera de nuevo “de lo alto” y pudiera ser educado en la fe de una forma correcta.
Querido hermano separado, si lees esto, yo te digo, aún hay esperanza y no es demasiado tarde.
Pero yo en aquel entonces no veo esas cosas, sólo veo la situación desde un punto de vista fundamentalista: sólo la Biblia me dirá lo que tengo que hacer[8], sin pararme a pensar entonces, que los primeros cristianos ni tenían la Biblia, sino que la doctrina cristiana se transmitía por tradición oral a través de la Iglesia en los primeros años. De cualquier forma, yo entonces no veía estas cosas, así que así fue mi acercamiento a los hermanos separados bautistas o evangélicos, para pedir ser bautizado.
A los 31 años, año 2002, sentí que tenía que pasar por la puerta de una iglesia evangélica. Era domingo. Esa iglesia me llamó la atención por su fachada tiempo atrás, pero nunca había pensado en la más remota posibilidad de que un día sentiría deseos de entrar allí. Otro domingo me encontré dando paseos con mi perro, calle arriba calle abajo en la acera de la iglesia, tratando de averiguar cómo eran los que estaban dentro, que hablaban, como se comportaban. Una puerta cerrada me impedía ver el interior, pero mis oídos escuchaban desde fuera cánticos a Dios y  a Cristo. Nunca había oído cantar así en la Iglesia Católica[9]. Parecían estar llenos de gozo. Me ponía entonces más cerca de la puerta para oír, disimulando y en cierto modo “participar” espiritualmente de una sensación de bienestar que me daba la música que oía. Me sentía bien allí fuera, pero no me atreví a traspasar la puerta en ningún momento. Tenía muchas incógnitas y miedos. ¿Qué hacer? ¿Me sentiría extraño? ¿Notarían mi presencia? ¿Pasaría desapercibido? ¿Tendré que decir algo a alguien? ¿A quién? ¿Puede uno entrar sin más o es una especie de club privado que necesita invitación? ¿Y si pierdo lo que tengo?
Después de semanas haciendo lo mismo, me di cuenta que no sabía ni me atrevía a dar el paso y fui desechando la idea de entrar en aquel lugar. Intenté en ese momento convencerme que podía continuar mi vida como hasta ese día. Yo me valgo sólo para leer y aprender la Palabra de Dios, con Dios y con mi mujer ya somos iglesia al compartir la misma fe.[10]
Un tiempo después me volvió otra vez el anhelo de compartir mi fe cristiana con otros hermanos. Y es que el Señor no nos ha creado para estar solos, y la Iglesia es el pueblo de Dios, aunque yo todavía eso no lo entendía.
Me enteré de la existencia de otra iglesia cerca de donde vivo, y se repitió la historia de la anterior. Fui a observar primero su apariencia. Me paseé arriba-abajo con mi perro y de nuevo oía cánticos que me llenaban de ganas de compartir eso. Un domingo me decidí a presentarme allí. Mi intención era pedir ser bautizado. Esto fue en Septiembre de 2002. La situación fue negativa. En mi primera visita les digo que creo en Jesucristo y les expongo que he llegado a la convicción de que necesito ser bautizado y ser añadido a la Iglesia. Participo como invitado y oyente a su culto. La sensación no fue mala, pero si extraña. Es la primera vez que asisto a un culto no católico. Me quedé con uno de los que hace de responsable en aquella iglesia, y le expliqué más profundamente mis razones y mis creencias para estar allí. Queda en que nos veamos próximamente para seguir hablando. Me llamará. Sin embargo hay una excesiva tardanza desde que fui la primera vez a ellos y el día que me llaman para contrastar y explicar sus creencias. Según me dice, la semana anterior trató de comunicarse por teléfono pero al parecer se confundió. Extraño. Envió un e-mail, pero yo lo pasé por alto por error. Lo volvió a intentar unos días después. De cualquier forma, iba todo muy accidentado y muy lento. Pasó más de un mes desde que asistí voluntariamente a aquel culto, pero aún no habíamos hablado. Finalmente me citaron el 7 de Octubre. Aquel día, después de casi cinco semanas, tuve la ocasión de oír sus explicaciones, apoyadas por unos libros que había traído. Hago algunas preguntas, y me son respondidas satisfactoriamente, pero hay elementos fundamentales con los que no he logrado sentirme cómodo.  Me ha prestado un libro sobre el matrimonio, y otro que es una especie de libro de lecciones con test sobre elementos bíblicos. Acudo al culto del domingo, llevé mi Biblia. Realicé un escrito en el que explico mi sentir y se lo entrego al responsable, el cual me dice que tienen que orar y hablar mi caso con los miembros de la congregación, y tomar una decisión, aunque de entrada me apunta algo que más o menos significa que para que me bauticen deben “estar seguros” de que mi fe es verdadera. Para ello me propone que asista a las reuniones y que me relacione con el resto para que ellos me conozcan y puedan hacerse una opinión sobre mí. Su palabra es darme una respuesta lo antes posible a mi petición de bautismo inmediato,  y nos despedimos.
Estamos en Octubre de 2002. Tras una semana de espera sin recibir ninguna llamada, decido visitar otras iglesias. La elegida es una iglesia Bautista. Me decido por ella, por algunos motivos, entre otros porque al parecer mi padre asistió a ella cuando era niño por un brevísimo tiempo, y mi mujer la conocía de vista por estar frente a su colegio. También recuerdo haberme puesto a investigar en internet y con lápiz y papel para ver en que creían estos bautistas. Esta era una iglesia denominada “evangélica bautista”. La sensación el primer día fue extraña también. Estuve asistiendo durante unos dos meses casi cada domingo. Esta iglesia no tiene “ancianos” como dirigentes sino a un “pastor”. El primer día le esperé al terminar el culto para presentarme y explicarle mis motivos de estar allí. Me recibió en su despacho, y yo con timidez pero con convicción una vez me arranqué, le expliqué un poco “mi vida” en relación a mi fe en Cristo, le hablé de mi página web, e incluso de mi pequeña experiencia en la anterior iglesia evangélica situada no muy lejos de esta[11]. Tras unas palabras halagadoras y amables de su parte, le dije que deseaba ser bautizado, pero ya estando yo un poco cansado de ir por estas iglesias pidiendo que “cumplieran” con lo que la Biblia decía literalmente, y tomando el ejemplo del Simón el Etíope y el apóstol Felipe[12]también le expuse que el bautismo no debía ser demorado más, y que si ellos afirman en sus declaraciones de fe que la Biblia es su única norma de fe y conducta, pues yo en mi conocimiento de aquellos tiempos quería que se me aplicara a mi igualmente esa norma introducida por el protestante Lutero. Su respuesta fue para mí sorprendente: «- Ahora no puedo llenar la pila para bautizarte a ti sólo. Si quieres en todo caso, lo que podemos hacer es incluirte para ser bautizado dentro de 2 o 3 meses en el próximo bautismo que celebremos.” De nuevo la respuesta evasiva, como en la congregación anterior. La Biblia me habla de un bautismo inmediato el que practicaban los apóstoles y primeros cristianos después de creer en Jesucristo, y ellos afirmaban seguir la Biblia, acusando a los católicos de ir contra ella, sin embargo una vez más se me pedía esperar. Veía claras contradicciones. Si dicen seguir la Biblia, ¿por qué no actúan como se ve en la Biblia? Tal vez cansado, por tantas negativas, acepté lo que no había aceptado en la anterior. Esperar ese tiempo. No tenía más remedio llegado a ese punto, aunque yo no estuviera muy conforme. Traté de ser dócil a lo que me decían.
    Así lo hice. Mientras tanto me dispuse a conocer aquella iglesia asistiendo a sus cultos del domingo por la mañana. Recuerdo que iba a lo que ellos llaman “escuela dominical”[13], en la que el pastor explicaba algo de la Biblia.
    En algunas ocasiones me llevaba bolígrafo y papel para tomar notas y después poder estudiar las cosas que escuchaba y escudriñar.
    Fueron transcurriendo los dos meses, entre domingo y domingo, y había algo que me sorprendía. El cómo pasaba desapercibido, casi nadie se me acercaba para nada, e incluso a veces estaba hasta sólo sentado en una fila de bancos. Tan sólo los saludos típicos de hola y adiós, pero a nadie parecía importarle que yo estuviera allí. Un día quisieron que me fuera con los jóvenes a otra sala a escuchar la escuela dominical, pero yo me negué, porque lo que realmente me interesaba era escuchar al pastor y estar donde estaban los adultos de la iglesia. La escuela dominical me sorprendió al principio, porque nunca había vivido que en una iglesia el que habla la palabra de Dios, permita que los que escuchan den sus opiniones sobre lo que escuchan. Lo más sorprendente es que cuando hay mucha gente, las opiniones pueden ser muchas y diversas sobre un mismo tema, y puede haber confusión. Eso no me terminó de convencer del todo. ¿Demasiados maestros?
    En Diciembre, un domingo no tenía ganas de ir, y decidí ir a visitar otra iglesia bautista para conocer más[14]. Situada en otra parte de mi ciudad. Aquella era algo diferente, más pequeña y familiar, la gente era más cordial y amable conmigo, un desconocido que llegaba por primera vez, y participé en el estudio de la Palabra aportando algunos de mis conocimientos, sentado en una mesa con varias personas. Quisieron invitarme a comer. Les dije que tal vez volviera por allí, aunque no lo hice nunca. Al domingo siguiente volví a la anterior iglesia bautista.
    Finalmente me aburrí de tanta frialdad y fingimiento. Es algo que tampoco veía en los cristianos de la Biblia, y si vamos a seguir la Biblia, a mí todo eso me chocaba. No me sentía cómodo, y en todo el tiempo nadie me dijo nada de bautizarme, tal y como me había dicho el pastor, así que me sentía tal vez engañado, o tal vez que aquello no era serio, y no era lo que parecía. En la última semana de Diciembre antes de Navidad, decidí no ir más. El pastor tenía mi e-mail, y ni me escribió para interesarse por mí nunca, ¿y no se supone que el buen pastor da la vida por sus ovejas?     Esa era otra prueba más. La prueba del Evangelio de Jesús. No falla. Estaba claro, aquel no era mi lugar.
    Transcurridos dos meses sin recibir noticia de la primera iglesia evangélica, recibo una llamada inesperada el 28 de Diciembre de 2002 (día de los santos inocentes), del hermano José Manuel. Su propósito, “felicitarme” las fiestas, aunque también me comunica lo que ya me imaginaba hacía dos meses. Mi propuesta no fue aceptada, y ellos deben atenerse a sus decisiones y normas internas. Bautizarme, si, pero después de pasar por un periodo más o menos breve (¡2 o 3 meses!), en el que el “candidato” sería conocido y deduzco que valorado por sus frutos, para ver si mi fe era verdadera. Lo curioso es que ya habían pasado 2 o 3 meses desde que les conocí, y ahora me pedían otros tres para “formarme”, o utilizando una de sus expresiones, “discipularme”. De nuevo la incongruencia con sus propias normas protestantes de “sólo la Biblia”, y “la Biblia única autoridad”. Invito a los protestantes y no católicos que lean mi libro a estudiar algunos de los bautismos de los primeros cristianos que vienen narrados en la Biblia, y verán que no se practicaban así. No lo hizo así, Simón el Etíope, ni siquiera el Apóstol Pablo, ni el carcelero y su familia…
    Realmente la propuesta me pareció demasiado complicada de aceptar, porque en el fondo no me fiaba de que me quisieran llevar por un camino que yo no veía, lo que yo entendía por cumplir lo que dice la Biblia, en cuestión de Bautismo, siguiendo el concepto protestante de “sólo la Biblia” e “interpretación privada”.
    Tuvimos una conversación telefónica larga en la que yo me opuse claramente a estas formas de actuar, siempre usando la Biblia para argumentarles mi posición, la misma Biblia que ellos dicen que es lo único a lo que obedecen. Esa es otra falsedad y autoengaño de estos grupos pseudocristianos. No es cierto.  Yo entonces quise quedar bien con el, y le dije que iría a probar en otra iglesia, a lo que el me contestó algo que todavía me añadió más argumentos en contra de este lugar. Aquella persona me dijo
     – Javier, en ese caso, yo te rogaría de que no sería conveniente que te congregaras con nosotros. A lo que yo le contesté: - ¿no puedo ir a una iglesia o a otra sin que eso suponga un problema? – Es que verás...a nosotros, no nos gusta pescar en pecera ajena.
    Ahí terminó mi conversación con él. Me di cuenta claramente, y ahora con el tiempo aún lo veo más claro, como una iglesia fundada por Cristo no puede ser tan sectaria y exclusivista. Con el tiempo ví que casi todas son así, unas lo demuestran más claramente y otras menos. Si estás con unos, no está bien que vayas con otros. Eso demuestra que no son iguales, y que contradicen la palabra de Dios cuando esta condena las divisiones, y alienta la unidad de los cristianos.
En una semana había concluido mi historia con dos iglesias no católicas al mismo tiempo prácticamente. La tercera fue una anécdota en el camino, aquel tampoco era mi lugar. Y estaba tan quemado que no quería saber nada de iglesias, y durante un tiempo aparté la idea de mi cabeza con la ayuda de mi mujer, testigo de todos mis comportamientos y explicaciones. Pasaron más de seis meses antes de que volviera otra vez mi idea de bautizarme, y  pensé:           “Tal vez debiera intentarlo en aquella iglesia de la fachada grande que fue la primera que vi”.
Esta es la historia que escribí al cumplirse un año desde que entré en aquella iglesia evangélica por primera vez. En ninguna otra duré tanto ni llegué a entablar comunicación con sus miembros, sólo en ese lugar tuve oportunidad de vivir experiencias con personas.



[1] La falsa creencia protestante de sólo la fe te salva, y las buenas obras no cuentan.
[2] Otro de los errores de los protestantes que crean nuevas sectas, “la libre interpretación de la Biblia”.
[3] Signo claro de que para mi era importante la unidad doctrinal en la Iglesia, y que luego me llevaría a reconocer a la Iglesia Católica como la verdadera Iglesia que Cristo fundó.
[4] Entendiéndose desde el punto de vista de no estar unidos al Magisterio de la Iglesia Católica.
[7] 1 Corintios 1:10
[8] Así es como se crean las divisiones entre los mismos protestantes, porque cada uno puede interpretar la Biblia según su propio parecer.
[9] Aunque no tenía demasiada experiencia en la Iglesia Católica, tengo que reconocer que estos evangélicos hacen mucho énfasis sobre el canto y la música.
[10] Según el entendimiento que tenía yo, basado en el versículo, donde hay dos o tres congregados en mi nombre yo estoy en medio de ellos.
[11] Otra gran diferencia con la Iglesia Católica. Mientras dos parroquias cercanas conservan la misma doctrina y la misma fe en Jesucristo, es decir, tienen UNIDAD, estos grupos están divididos, lo cual contradice la misma enseñanza de Cristo y los Apóstoles, y de la Tradición de la Iglesia que viene desde entonces.
[12] Hch 8, 35-38
[13] La escuela dominical es un concepto protestante, que se inició en 1780 por parte de un periodista británico que sintió preocupación por los niños pobres que no sabían leer ni escribir. Ante el avance de la escolaridad pública se hicieron innecesarias y se enfocaron a la enseñanza religiosa para sus niños. Los bautistas norteamericanos lo extendieron a toda la familia con cursos bíblicos y se extendió por América Latina. En España las escuelas dominicales fueron implantadas por la organización católica de la “Real Asociación de Escuelas Dominicales” a partir de 1857 de carácter benéfico, católico y aristocrático, para la formación de mujeres trabajadoras que nunca habían estudiado o habían abandonado pronto. Fueron impulsadas por el jesuita Mariano Cortés y la duquesa de Humanes, siguiendo el modelo del periodista británico Robert Raikes en el siglo XVIII. Desde el siglo XX las escuelas dominicales son ministerios dentro de las congregaciones evangélicas que tienen por objetivo enseñar la Biblia.
[14] Algo muy normal en un católico, el poder ir a parroquias e iglesias diferentes, porque vaya a donde vaya la doctrina va a ser la misma, pero no ocurrirá así con los protestantes.

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